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Juventud
Movilidad estudiantil, clave para convertir el Mediterráneo en cuna de liderazgo

El intercambio académico multiplica las oportunidades que una buena formación ofrece a las nuevas generaciones.
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Algo se mueve en la región Mediterránea. Las nuevas generaciones, nacidas entre 1980 y 2005, moldeadas a fuerza de crisis económicas y sociales en una zona geográfica cada vez más compleja y fragmentada, y aquejadas por una precariedad que condiciona su emancipación y modo de vida, entienden la formación como herramienta necesaria para hacer de la necesidad virtud, afrontar con éxito los grandes retos de su tiempo y aprovechar las oportunidades que conllevan. Una formación que, aderezada con una eficiente y eficaz movilidad estudiantil, podría afinar aún más las capacidades de estos líderes del mañana.

En línea con su optimismo cuando piensan en futuro, estas generaciones ven en la educación, en la formación, su gran esperanza para prosperar en su trayectoria personal y profesional, y para alcanzar una vida más justa, digna y mejor. La creen capaz de crear riqueza e igualdad de oportunidades. La ven como arma definitiva para vencer a la ignorancia y los prejuicios, y asentar una sólida base para el entendimiento mutuo y una convivencia pacífica, civilizada y fraternal entre las personas y las naciones del entorno mediterráneo.

Es el espíritu que alentó la II Cumbre Mediterránea de Estudiantes, celebrada en septiembre de este año en la Universidad Abdelmalek Essaadi, de Marruecos, por iniciativa de la Unión de Universidades del Mediterráneo (UNIMED) y de Erasmus Student Network (ESN), y pensada para hacer de los estudiantes portavoces de la zona, decididos a llevar sus reflexiones, ideas y propuestas a quienes diseñan la cooperación académica en la región euromediterránea.

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Entre esos organismos destaca la Unión por el Mediterráneo, que agrupa a 43 países -todos los de la Unión Europea, los árabes mediterráneos e Israel-, y continúa el legado del Proceso de Barcelona con el fin de convertir la región mediterránea en un espacio común de paz, estabilidad, prosperidad y seguridad. Las instituciones de educación superior se perfilan como actores esenciales en este proceso, imposible sin su interés por establecer sinergias, intercambiar buenas prácticas e implementar proyectos regionales orientados a la estabilidad, el desarrollo humano y la integración. Sus Estados miembros han aprobado ya más de 50 proyectos centrados en los ámbitos más diversos, entre los que se cuenta la movilidad estudiantil en la zona, cuya problemática se aborda en el informe “The Internationalisation of Higher Education in the Mediterranean. Current and Prospective Trends”, realizado por UNIMED, que recuerda que la internacionalización de los sistemas de educación superior va más allá de la mera movilidad académica al implicar la integración de una dimensión intercultural y global en los métodos de enseñanza y la gobernanza, y que aborda las tendencias educativas transfronterizas con especial énfasis en el intercambio académico.

La movilidad estudiantil es un tema nuclear entre los intereses de las jóvenes generaciones, que consideran programas como Erasmus+ como una enorme historia de éxito, con sus pros, como las nuevas y eficaces medidas de inclusión, y con sus contras, aún por trabajar y mejorar, como las dificultades administrativas y burocráticas o la escasa participación del estudiantado internacional en actividades de la comunidad local. Así se deduce del informe publicado en este año bajo el título ‘The Student Perspective to the Erasmus+ 2021-2027 Mid-term Evaluation’, que evalúa la evolución de este programa de movilidad internacional de la Unión Europea abierto a todos los países del mundo.

El informe ‘The Student Perspective to the Erasmus+ 2021-2027 Mid-term Evaluation’ se encontraba entre las cuestiones que reunieron en noviembre de este año, en la Universidad de Alicante, España, a más de medio centenar de directores, procedentes de once países, de agencias nacionales Erasmus+ del Mediterráneo, que consideraron fundamental incrementar la cooperación entre las universidades de la cuenca mediterránea, y pusieron el foco en establecer un programa conjunto de estudios internacionales del que participen estudiantes de los países del Norte de África y la zona del Magreb.

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Y es que, aunque el número de estudiantes con movilidad internacional en la enseñanza superior ha crecido de forma asombrosa, pasando de 300 mil en 1963 a 2 millones en 2000 y hasta 6 millones en 2019, esta cifra representa solo el 2,6% del total de la población estudiantil mundial, según indica el informe “Mentes en movimiento: oportunidades y desafíos para la movilidad virtual de estudiantes en un mundo pospandémico”, publicado por el Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC).

Queda, por tanto, mucho por hacer. Y el esfuerzo merece la pena, pues las iniciativas de intercambio y movilidad estudiantil, que pivotan sobre valores como la generosidad, tolerancia y comprensión, suponen, para quien se beneficia de ellas, un provechoso y rico intercambio de ideas y principios, de acervo cultural y espiritual. Y suponen, para la Región Mediterránea y para sus sociedades, una factoría de líderes con una mente empática y abierta al mundo, a las diferentes colectividades y culturas con sus diferentes facetas, con disposición para profesar una solidaridad digna de ser amada, como afirmaría Séneca en sus ‘Epístolas morales a Lucilio’: una solidaridad real y eficaz a la hora de imaginar y hacer posible un día a día en paz y dignidad, que garantice un desarrollo equitativo y sostenible, bienestar y calidad de vida.

Y así, un impulso a la movilidad estudiantil que trascendiera las fronteras físicas y del conocimiento llevaría a la construcción, en la región Mediterránea, de un nuevo entorno creado sobre la conciencia de unos valores y derechos compartidos, de fraternidad entre los pueblos de la zona.

Es una meta que parece, en este mundo de vertiginosos avances tecnológicos, un poco más cercana gracias a las ventajas de la movilidad virtual de estudiantes (MVE), que puede complementarse con la movilidad presencial. La MVE abre, como explica el informe “Mentes en movimiento: oportunidades y desafíos para la movilidad virtual de los estudiantes (MVE) en un mundo pospandémico”, elaborado por el IESALC de la UNESCO, nuevas posibilidades, más inclusivas y sostenibles, para democratizar el acceso a intercambios internacionales. Para comprender, como diría Octavio Paz al recibir su Premio Princesa de Asturias, que “las ciencias no tienen patria o, más exactamente, su patria es el entendimiento humano”.