#FemaleForward
Clara Mariño - Mujeres en periodismo

Las mujeres exitosas provienen del ala centrista o liberal de la historia
Clara Mariño FFI

Clara Mariño, una de las productoras y periodistas más prestigiosas de Argentina, compartió una interesante jornada de intercambio con nosotros. Nos contó sobre sus inicios, su perspectiva del feminismo actual y la importancia de trabajar en el ámbito cultural e intelectual para generar un cambio. 

-¿Cómo te vinculás con el periodismo y la comunicación?

-A mí me gustó siempre leer. La biblioteca de mi padre era muy rica y yo siempre me escabullía a leer lo que encontraba. Al mismo tiempo tenía una debilidad por el cine y la música. De hecho, yo me hice periodista pensando en escribir sobre esas cuestiones. Mis padres se sorprendieron cuando yo a los 16 años dije que quería ser periodista. Les preocupaba donde iba a estudiar, ya que no había más que una escuela superior de periodismo. Cuando entré éramos dos mujeres: Teresa Anchorena y yo, ninguna más. Ella se terminó dedicando al arte y a las galerías. 

-Pero las mujeres por esos días no ocupaban muchos lugares en los medios…

Para nada. Lo que colabora con la irrupción de las mujeres en este ámbito fue el boom de la televisión. En la época que yo estudié, lo único que había era la posibilidad de escribir en un diario. El ambiente era demasiado machista y teníamos complicaciones como los horarios, que no eran mucho para las mujeres. 

-¿Cómo fueron los primeros pasos en el profesionalismo en ese ambiente hostil para la mujer?

-Bernardo Neustadt tenía una revista con un suplemento sobre las provincias. Entonces su productor se acercó a la escuela que me recomendó a mí por el mejor promedio. Yo no tenía ni idea del tema ni tenía contactos. Pero agarraba lo que sea, hasta había trabajado para la revista “Plásticos”, de la Cámara Argentina de la Industria Plástica. Así empezamos con Bernardo. 

-¿Cómo mujer te considerás feminista?

-En Argentina hay un problema muy serio que es la devaluación de la palabra. Hoy no se muy bien que significa feminismo, ya que podría llegar a sentirme cómoda dentro de esa expresión, pero al mismo tiempo tengo un rechazo muy profundo por las situaciones extremas del feminismo. Es complicado cuando esto se transforma en un tema ideológico de la extrema izquierda.

Si uno ve las mujeres que hoy se destacan en el mundo, como la canciller de Alemania, la presidente de Nueva Zelanda o las referentes que Joe Biden ha puesto en los principales puestos de toma de decisiones, todas provienen del ala “centrista” o “liberal” de la historia. Yo no he visto en los países socialistas a las mujeres en cargos destacados, como si ocurría en Gran Bretaña.

Yendo a las cosas concretas, los países liberales, democráticos, capitalistas o socialdemócratas son los que más han favorecido el avance de la mujer. Por eso es muy curioso ver hoy que la izquierda sea la representación de la mujer. No son mayoría, pero son una minoría ruidosa. La realidad histórica demuestra la falacia del relato de las extremistas que se quieren arrogar el derecho de representarnos.

-¿Qué se podría hacer para equiparar este relato en el debate público?

-Yo creo que los medios de comunicación deberían apostar más por la discusión de ideas, sin caer en los adjetivos. Darle espacio al pensamiento como estamos haciendo nosotros ahora. También es importante destacar las figuras históricas, más vinculadas al liberalismo que a otras corrientes ideológicas. Yo siempre recuerdo una anécdota de Sarmiento, que tanto se preocupó por la educación, y por la educación de la mujer, que cuando inauguró una universidad predijo que en un siglo allí iban a ver más mujeres que hombres. Tenía razón.

Muchos se olvidan hoy que fue Roca el que expulsó de Argentina al embajador del Vaticano, porque la iglesia quería mantener el monopolio sobre la educación. Había que hacerlo eso en esa época. Lamentablemente hoy hay mucha ignorancia y mucha cosa ideológica pobre de cuarto nivel.

Clara Mariño, una de las productoras y periodistas más prestigiosas de Argentina, compartió una interesante jornada de intercambio con nosotros. Nos contó sobre sus inicios, su perspectiva del feminismo actual y la importancia de trabajar en el ámbito cultural e intelectual para generar un cambio. 

-¿Cómo te vinculás con el periodismo y la comunicación?

-A mí me gustó siempre leer. La biblioteca de mi padre era muy rica y yo siempre me escabullía a leer lo que encontraba. Al mismo tiempo tenía una debilidad por el cine y la música. De hecho, yo me hice periodista pensando en escribir sobre esas cuestiones. Mis padres se sorprendieron cuando yo a los 16 años dije que quería ser periodista. Les preocupaba donde iba a estudiar, ya que no había más que una escuela superior de periodismo. Cuando entré éramos dos mujeres: Teresa Anchorena y yo, ninguna más. Ella se terminó dedicando al arte y a las galerías. 

-Pero las mujeres por esos días no ocupaban muchos lugares en los medios…

Para nada. Lo que colabora con la irrupción de las mujeres en este ámbito fue el boom de la televisión. En la época que yo estudié, lo único que había era la posibilidad de escribir en un diario. El ambiente era demasiado machista y teníamos complicaciones como los horarios, que no eran mucho para las mujeres. 

-¿Cómo fueron los primeros pasos en el profesionalismo en ese ambiente hostil para la mujer?

-Bernardo Neustadt tenía una revista con un suplemento sobre las provincias. Entonces su productor se acercó a la escuela que me recomendó a mí por el mejor promedio. Yo no tenía ni idea del tema ni tenía contactos. Pero agarraba lo que sea, hasta había trabajado para la revista “Plásticos”, de la Cámara Argentina de la Industria Plástica. Así empezamos con Bernardo. 

-¿Cómo mujer te considerás feminista?

-En Argentina hay un problema muy serio que es la devaluación de la palabra. Hoy no se muy bien que significa feminismo, ya que podría llegar a sentirme cómoda dentro de esa expresión, pero al mismo tiempo tengo un rechazo muy profundo por las situaciones extremas del feminismo. Es complicado cuando esto se transforma en un tema ideológico de la extrema izquierda.

Si uno ve las mujeres que hoy se destacan en el mundo, como la canciller de Alemania, la presidente de Nueva Zelanda o las referentes que Joe Biden ha puesto en los principales puestos de toma de decisiones, todas provienen del ala “centrista” o “liberal” de la historia. Yo no he visto en los países socialistas a las mujeres en cargos destacados, como si ocurría en Gran Bretaña.

Yendo a las cosas concretas, los países liberales, democráticos, capitalistas o socialdemócratas son los que más han favorecido el avance de la mujer. Por eso es muy curioso ver hoy que la izquierda sea la representación de la mujer. No son mayoría, pero son una minoría ruidosa. La realidad histórica demuestra la falacia del relato de las extremistas que se quieren arrogar el derecho de representarnos.

-¿Qué se podría hacer para equiparar este relato en el debate público?

-Yo creo que los medios de comunicación deberían apostar más por la discusión de ideas, sin caer en los adjetivos. Darle espacio al pensamiento como estamos haciendo nosotros ahora. También es importante destacar las figuras históricas, más vinculadas al liberalismo que a otras corrientes ideológicas. Yo siempre recuerdo una anécdota de Sarmiento, que tanto se preocupó por la educación, y por la educación de la mujer, que cuando inauguró una universidad predijo que en un siglo allí iban a ver más mujeres que hombres. Tenía razón.

Muchos se olvidan hoy que fue Roca el que expulsó de Argentina al embajador del Vaticano, porque la iglesia quería mantener el monopolio sobre la educación. Había que hacerlo eso en esa época. Lamentablemente hoy hay mucha ignorancia y mucha cosa ideológica pobre de cuarto nivel.