Diálogo Mediterráneo
El reto de una recuperación en U

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Nato Otan

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La geoeconomía del Mediterráneo está compuesta de una disparidad en la riqueza de sus naciones y en el nivel de su desarrollo, siendo los países de la orilla norte los más afortunados, a excepción de algunos países ribereños al este.

Históricamente las crisis han constituido una fuente de oportunidades para un arranque económico sólido. No obstante, las perspectivas post pandemia dependerán de las reformas adoptadas durante el estancamiento (la base de la U).

Muchos son los factores que condicionarán la deseada recuperación, y van desde el imprevisible comportamiento de las variantes del Covid-19 y sus interrupciones en el suministro, pasando por las tensiones inflacionistas y la amenaza de una sequía aguda que afecta especialmente a la región mediterránea. Todo ello con un trasfondo que suena a un creciente enfrentamientoentre Rusia y la OTAN.

En tales circunstancias, el Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de rebajar cautamente sus previsiones de manera generalizada, incluida la zona euro, cuya recuperación está sostenida con importantes fondos NextGenEU jamás movilizados hasta la fecha (750 M millones €). Fondos que servirán para la reestructuración del modelo económico de algunos países miembros y de estímulo para otros. Así, para España, el FMI estima una tasa de crecimiento del 5,8% que restablece los niveles pre pandemia, donde el turismo recuperaría de nuevo su protagonismo.

Por otro lado, y a diferencia de la UE, los países de la orilla noreste y sur del Mediterráneo han de afrontar la recuperación con sus propios medios, en muchas ocasiones escasos, para implementar las reformas necesarias que faciliten un crecimiento sostenible.

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Minister of Foreign Affairs of the Arab Republic of Egypt, Sameh Shoukry and NATO Secretary General Jens Stolttenberg. 

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Al respecto, Marruecos había aprovechado la base de la U para emprender importantes reformas estructurales y tecnológicas implementando el Nuevo Modelo de Desarrollo (NMD) que le permitirá multiplicar su riqueza a cotas históricas a corto y medio plazo. Y se perfila como candidato potencial a aprovechar los vientos favorables de la recuperación en base a energías verdes. Aunque el FMI y el Proyecto de Ley de Finanzas (PLF) 2022 prevén un crecimiento del 3,2%, es más probable que supere el 5% con la vuelta del turismo que, en 2019, antes de la pandemia, alcanzaría un récord histórico de 13 millones de visitantes por año .

Así, la perspectiva económica del Reino de Marruecos contrasta con la de Argelia que sigue instalada en un proteccionismo anacrónico, siendo incapaz de instaurar las infraestructuras necesarias para su desarrollo económico y social. Argelia vive bajo el paradigma de una economía cerrada e improductiva. Su veto a la construcción de la Unión del Magreb Árabe (UMA) sólo confirma  la ausencia de competitividad económica y su dependencia total de los hidrocarburos.

Cabe destacar las reformas emprendidas por Egipto que le han propiciado un desarrollo económico significativo aumentando el gasto público productivo. Con una economía abierta, el país disfrutaba de buenas notas de las principales agencias de calificación obtenidas en plena crisis sanitaria. De hecho, se espera para el 2022 un crecimiento, según el FMI, por enciman del 5%.

Marruecos y Egipto serán las economías más pujantes al sur del arco mediterráneo, mientras la economía turca podría recular, ya que padece de una fuerte inflación (superior al 40%). Los importantes ingresos por exportaciones, y en menor medida por turismo, quedan ahogados en la mar de una hiperinflación debida a los efectos de la crisis sanitaria y agravada por falta de una reforma fiscal y monetaria.

Lybia

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En Libia se espera y se desea la estabilización del país en base a una unidad por un futuro común con arreglo a los Acuerdos de Skhirat. La celebración de elecciones y la constitución de un gobierno de unidad colocaría al país en la senda del modelo de los países del Golfo. La UE, Marruecos y Egipto deberían jugar un papel decisivo de acompañamiento en la modernización económica y social que comprenda grandes políticas estructurales como son la función pública, el sistema bancario, la política territorial, la inversión pública y privada y el emprendimiento.

Particularmente, cabe señalar tres casos mediterráneos cuyas perspectivas son preocupantes por su inestabilidad política y socio-económica como son Argelia, Túnez y Líbano. Países que habían sido irrumpidos por la crisis sanitaria en medio de crispaciones sociales, cuyos efectos han derivado en crisis políticas y que continúan sin visos de solucionarse.

El Mediterráneo constituye un área donde se encuentra un gran número de países con una composición factorial de grandes contrastes estructurales y culturales. Una divergencia que constituye la clave de la convergencia entre el norte y el sur, ya que abre un marco de oportunidades favorables a una verdadera integración económica mediterránea. Lo cual debe imprimir, en una absoluta cooperación Win-Win, una perfecta complementariedad en diferentes ámbitos económicos. La UE, que polariza la riqueza y el Bienestar social, debe contribuir a la mejora de las perspectivas económicas mediante proyectos creíbles y pragmáticos. Razón por la cual viajó Ursula von der Leyen a Rabat donde confirmó el interés de la UE en profundizar  la asociación estratégica, integrando ambas economías, pues Marruecos representa un ejemplo modélico de desarrollo en el Mediterráneo. De hecho, dos modelos se destacan y cuyos resultados son confirmados por su viabilidad: el de Marruecos y el de los países del Golfo.

Las altas tasas de vacunación y el hartazgo de una sociedad que ya no tolera más restricciones precipitan un optimismo propicio para retar la recuperación económica. En este contexto, y salvando la inseguridad económica que rodea la recuperación post Covid-19, podríamos hablar de perspectivas económicas positivas, aunque divergentes, dependiendo del grado de respaldo de las reformas implementadas, sin descartar el colapso de algún que otro país.

Recuperación en U: indica un decrecimiento repentino, con una línea de estancamiento, con cotas negativas en algunas economías, más o menos largo para volver a crecer de nuevo. Es decir, no se trata de una Recuperación en V que supone una vuelta rápida a la senda de crecimiento. Hemos estado dos años estancados. Es una apreciación personal, después de superponer algunas curvas estadísticas. Muchos países han aprovechado la base de la U emprender reformas estructurales con vistas a ser más resiliencia en el futuro.

Abdel-Wahed Ouarzazi

Profesor agregado de Economía (Bélgica). Licenciado en Economía y Gestión por la Universidad de Grenoble (Francia). Ex responsable de Educación en Derechos Humanos de Amnistía Internacional. Ex miembro de la Comision Políticas Migratorias en representación de la Delegación Provincial de Cultura de Cádiz.