Migración
Algunas ideas sobre políticas migratorias

Lesbos Refugees

Lesbos Refugees

© Photo by jdblack at Pixabay

Ocurre con frecuencia, en los asuntos que tienen que ver con los movimientos migratorios, que las situaciones “críticas” distorsionan las percepciones de la ciudadanía sobre estos asuntos. Además, la respuesta urgente a estas crisis, periódicas y coyunturales, impide construir una política común y consistente, que reconozca la naturaleza y las causas últimas de los fenómenos migratorios, para tratarlos de manera eficaz e inteligente a medio y largo plazo.

Las crisis migratorias que en los últimos años se han producido en diferentes puntos del Mediterráneo y el Atlántico (en Lesbos, Lampedusa o Lanzarote, por citar tres islas que evocan referentes culturales representativos de diversos periodos de la cultura europea, y que cubren la zona geográfica en donde se encuentran el norte de África y el sur de Europa) son un buen ejemplo de lo que afirmamos.

¿Cuáles serían, a nuestro juicio, esas ideas sobre las migraciones que deben estar presentes en cualquier acción política a medio y largo plazo, de modo que sirvan para enmarcar las diferentes dimensiones de los fenómenos migratorios, y que a la vez nos ayuden en la gestión de crisis migratorias concretas? La historia y la sociología nos ofrecen algunas claves al respecto:

Parece conveniente observar las migraciones laborales internacionales e interregionales, dentro y fuera de Europa, desde una perspectiva histórica. En este sentido, investigaciones como las llevadas a cabo por Saskia Sassen (experta en migraciones y globalización, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2013) revelan cómo las migraciones laborales han constituido un componente estratégico en la historia de la urbanización y la industrialización de Europa en los tres últimos siglos, y nos permiten interpretar mejor los procesos migratorios actuales, lo que puede redundar en el desarrollo de enfoques más inteligentes y eficaces de las políticas migratorias.

Otra dimensión de las migraciones que nos parece ineludible es la demográfica. Como nos ha recordado el sociólogo experto en migraciones Alejandro Portes, en el contexto español (el de un país con experiencias de inmigración tardía, “rico” pero también “viejo”, con una tasa de fertilidad muy baja) la inmigración se presenta como un factor decisivo para la desaceleración de la caída demográfica. A nuestro juicio, es importante tener en cuenta este hecho, pues vemos en él la base más sólida para “recategorizar” la inmigración (si no para considerarla una solución, al menos sí para dejarla de ver como un problema). Ampliando el razonamiento, esta visión nos permite, por ejemplo, establecer programas de acogida que conecten los flujos migratorios con las áreas geográficas más despobladas de nuestro país.

Migrants
Migrants © Copyright: Photo/Parlamento Europeo

Situémonos ahora en el ámbito de la política europea. La visión de conjunto de las noticias publicadas en 2020 y 2021 pone de manifiesto las enormes diferencias existentes entre los Estados miembros de la UE en cuanto al establecimiento de una política común asumida por todos. La gestación y publicación (el 23 de septiembre de 2020) del Pacto de Migración y Asilo es una buena muestra de esta falta de unidad. Durante el periodo de su elaboración, Ylva Johansson (comisaria de interior de la UE y responsable directa del Pacto) señaló la dificultad de poner de acuerdo a los Estados miembros en las cuestiones migratorias más conflictivas, como por ejemplo el reparto de los migrantes entre los veintisiete Estados.

Se trabajó pues en un documento consensuado que satisficiera parcialmente los intereses de todos los países, aunque no plenamente los de ninguno. El documento resultante establece unas líneas políticas y propone cambios legislativos con el propósito de reconducir una cuestión que suscita entre los Estados Miembros de la UE opiniones y puntos de vista muy diferentes, difíciles de conciliar en muchas ocasiones. Así pues, la existencia de una política común sobre migración, asilo y refugio (en línea con las propuestas de la familia liberal europea) se antoja como un pilar fundamental para tratar las cuestiones migratorias.

Continuando en el ámbito europeo, otra de las ideas básicas que deben inspirar las actuaciones políticas es la cooperación con los países de origen y tránsito de los migrantes. El Pacto de Migración y Asilo prioriza la cooperación de la UE con terceros estados. En el caso del continente africano, por ejemplo, se potencia el entendimiento con la Unión Africana (sin menoscabo de que se reconozca que el contexto migratorio de cada país es diferente, y que la UE debe ser sensible a esas diferencias); se promueve la ayuda económica a los países de origen para atenuar las razones que llevan a emigrar a los ciudadanos africanos (que para la UE son fundamentalmente demográficas y económicas); y se asume implícita y explícitamente que la ayuda al desarrollo es un factor clave para disminuir los flujos migratorios (pese a que algunos estudios demuestran que no hay una correspondencia exacta entre migración y pobreza).

En resumen, creemos que la visión más distanciada y sosegada de los fenómenos migratorios a largo y medio plazo, como la que nos aportan la historia de las migraciones y la demografía, junto a la necesidad de una política europea común en estos asuntos, así como la cooperación con los países de origen y tránsito de los migrantes, pueden permitirnos establecer unas bases sólidas para una gestión inteligente de las migraciones hacia territorio europeo, capaz de combinar la perspectiva a largo plazo con la gestión de crisis concretas.

Luis Guerra

Doctor en Filología, es investigador asociado del proyecto INMIGRA3-CM, financiado por la Comunidad de Madrid y el Fondo Social Europeo