Acuerdo UE - Mercosur
Ratificación acelerada y Señal Política desde el Mercosur
Con las primeras ratificaciones en el Mercosur, el acuerdo con la Unión Europea entra en una fase decisiva donde la definición política se traslada a Bruselas.
El acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur ingresó en una nueva etapa. El 26 de febrero de 2026 Uruguay se convirtió en el primer país del Mercosur en ratificar formalmente el acuerdo, horas más tarde lo siguió Argentina. Tras 25 años de negociaciones y un cierre político anunciado en 2024 en Montevideo, el foco ya no está en el texto sino en la velocidad de las ratificaciones. En este contexto, América del Sur sabe lo que quiere y avanza diligentemente para la aplicación del acuerdo.
La Cámara de Representantes en Uruguay aprobó el tratado con 91 votos a favor sobre 93, luego de haberse aprobado en el Senado. En Argentina el acuerdo fue ratificado con 69 votos a favor y 3 en contra. Brasil y Paraguay, por su parte, avanzan en sus procesos internos con una lógica pragmática de asegurar acceso preferencial al mayor mercado del mundo antes de que el contexto global vuelva a cambiar. Desde el Mercosur se envía una señal de consenso estratégico poco habitual en la política regional.
En Bruselas, el acuerdo enfrenta una doble dimensión institucional. El pilar comercial requiere mayoría cualificada en el Consejo (alcanzada en enero) y la aprobación del Parlamento Europeo. Este último solicitó un dictamen al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, lo que demora el calendario legislativo. La Comisión Europea sostuvo que, una vez completados los procedimientos formales y con al menos una ratificación en el Mercosur ya concretada, el capítulo comercial entra en aplicación provisional, incluso mientras continúan otras instancias jurídicas. Así lo anunció la Presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen luego de la ratificación de Uruguay y Argentina, “cuando ustedes estén listos, nosotros estamos listos”, señalando que el acuerdo entra en régimen de aplicación provisional.
La discusión de fondo en Europa ya no gira exclusivamente en torno a la liberalización arancelaria. Las cláusulas ambientales —con el Acuerdo de París como elemento esencial y compromisos específicos contra la deforestación— pasaron a ser el estándar mínimo para legitimar políticamente el acuerdo.
En Argentina, con 69 votos afirmativos, el Senado convirtió en ley el acuerdo Unión Europea-Mercosur tras un intenso debate.
Desde una perspectiva geopolítica, 2026 aparece como un año clave. Para la Unión Europea el acuerdo con el Mercosur representa diversificación de cadenas de suministro, acceso a materias primas críticas y consolidación normativa frente al avance de China y la política industrial estadounidense. Para el Mercosur, representa previsibilidad regulatoria, inversión y acceso ampliado a un mercado de más de 440 millones de consumidores.
Hay además una variable sensible, la de las indicaciones geográficas. Más de 350 productos europeos quedan protegidos bajo el acuerdo. Cualquier divergencia normativa —por ejemplo, derivada de entendimientos bilaterales de Argentina con Estados Unidos— podría tensionar apoyos en el Parlamento Europeo. Pero también podría acelerar la voluntad de Bruselas de fijar primero sus estándares mediante el acuerdo interregional.
El costo de la inacción es alto para ambas partes. Si la Unión Europea no logra concluir su mayor acuerdo interregional en un contexto de fragmentación comercial global, su credibilidad estratégica se debilita. Si el Mercosur demora, corre el riesgo de quedar atrapado entre potencias que negocian bilateralmente desde posiciones asimétricas.
La rápida ratificación de Uruguay y Argentina y la pronta respuesta europea reordena el escenario. Ya no se trata de si el acuerdo es deseable en abstracto, sino de quién asume el liderazgo político para concretarlo. En un mundo donde las reglas comerciales se redefinen en tiempo real, la ventana de oportunidad está abierta y el mensaje desde el Mercosur es claro, queremos avanzar. Ahora la decisión estratégica está en Bruselas.