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Venezuela
La Venezuela post-Maduro

Perspectivas y desafíos de una nueva etapa
Opciones para Venezuela Cambio democrático, continuidad forzada o continuidad consentida. 

Opciones para Venezuela Cambio democrático, continuidad forzada o continuidad consentida. 

© FNF Latam

Autor invitado: Miguel Ángel Martínez Meucci, documento de análisis prospectivo, elaborado por iniciativa de la Red Liberal de América Latina (RELIAL) y la Fundación Friedrich Naumann para la Libertad.

Miguel Ángel Martínez Meucci (Caracas, 1976) es doctor en Conflicto Político y Procesos de Pacificación por la Universidad Complutense de Madrid. Es investigador independiente, columnista para varios medios y ha sido profesor en diversas universidades de Venezuela, Chile y Guatemala.

Venezuela tras la detención de Maduro: análisis del plan estadounidense

El sábado 3 de enero, una noticia extraordinaria llegó a la opinión pública mundial: Nicolás Maduro, que había gobernado Venezuela de manera autoritaria durante más de trece años, fue detenido por tropas estadounidenses en su búnker en Caracas. Sorprendentemente, el presidente Trump aprobó la permanencia de la vicepresidenta Delcy Rodríguez al frente del país, con la garantía de que esta estaría dispuesta y obligada a colaborar en el desmantelamiento del régimen chavista. Pocos días después, el secretario de Estado Marco Rubio presentó un plan de tres fases que contempla la estabilización, la reconstrucción y la democratización de Venezuela. Pero ¿qué tan realista es que este plan se implemente según lo anunciado? Un análisis.

Contexto: el chavismo como problema internacional

Todo análisis de la situación actual en Venezuela debe partir de una constatación fundamental: la crisis del país es menos una cuestión nacional que internacional. El sostenido desmantelamiento autoritario del sistema político venezolano, documentado por índices como V-Dem o el Democracy Index de The Economist, no se produjo en el vacío: estuvo indisolublemente ligado a una reorientación radical de la política exterior venezolana y del posicionamiento geopolítico del país caribeño. Hugo Chávez, un comandante paracaidista cuyo intento de golpe de Estado en febrero de 1992 había fracasado, llegó al poder siete años después por la vía electoral. Una vez en el cargo, socavó sistemáticamente el proceso electoral y buscó la cercanía de regímenes autoritarios en todo el mundo, mientras deterioraba progresivamente las relaciones con los socios democráticos.

Venezuela, que posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, se transformó bajo su liderazgo en un petroestado clásico: autoritario, cleptocrático y orientado a la mera extracción de materias primas, un modelo que se asemejaba al de aquellos Estados que Chávez había buscado deliberadamente como aliados. Desde 1999, estos actores autoritarios y criminales se afianzaron en Venezuela. Así lo evidencian las compras masivas de armamento a la Rusia de Putin; la recepción de más de 50.000 millones de dólares en créditos chinos; la labor de inteligencia e ideologización de miles de efectivos cubanos; los vínculos con organizaciones narcoterroristas en América Latina; y la profundización de las relaciones con actores chiitas y alauitas en Oriente Medio. Simultáneamente, Venezuela abandonó la Comunidad Andina, confrontó a la Organización de Estados Americanos y tensó las relaciones con la Unión Europea.

Nicolás Maduro, vinculado a La Habana desde su juventud y durante más de seis años canciller bajo Chávez, encarnó esta reorientación de la política exterior como ningún otro, razón por la cual Chávez lo designó personalmente como sucesor. Sin embargo, Maduro no pudo contar con el mismo auge petrolero que su predecesor; más bien heredó su desastre económico. Entre 2013 y 2023, el producto interno bruto de Venezuela se contrajo un 80 por ciento, acompañado del ciclo hiperinflacionario más largo y profundo en la historia del continente. El peso relativo de la economía criminal creció considerablemente y sus redes se expandieron a numerosos países. Aproximadamente el 30 por ciento de la población (nueve millones de personas) abandonó el país ante la falta de perspectivas.

Punto de inflexión: la derrota de Maduro

La Venezuela de Chávez y Maduro se convirtió en una carga creciente para numerosas democracias occidentales. La migración masiva afecta a todo el continente. Las redes criminales operan desde hace tiempo de manera transfronteriza, y de forma similar a la Rusia de Putin, el régimen chavista se dedicó a la desestabilización sistemática de Estados democráticos mediante la financiación de actores políticos radicales, la corrupción de funcionarios y la introducción de dinero ilícito en sistemas financieros extranjeros.

Los ciudadanos venezolanos no lograron revertir esta dinámica. La oposición democrática agotó sin éxito todos los medios legales y constitucionales en defensa de la democracia, incluida la contundente victoria electoral del 28 de julio de 2024. Aquel día, el movimiento liderado por María Corina Machado — a quien el régimen había impedido presentar su propia candidatura — logró superar la represión masiva y demostrar, mediante las actas electorales, la victoria de su candidato sustituto Edmundo González con más del 67 por ciento de los votos. A este éxito democrático sin precedentes, por el cual Machado recibió el Premio Nobel de la Paz 2025, el régimen respondió con una brutal ola represiva: más de 2.000 personas fueron secuestradas y encarceladas en condiciones inhumanas sin acceso a la justicia. Muchas fueron torturadas, algunas murieron bajo custodia estatal. No obstante, el 28 de julio reconcilió y unió a una enorme mayoría ciudadana en favor del cambio democrático y mostró el verdadero carácter del régimen.

El plan en acción: avances e interrogantes

Contrariamente a lo que muchos críticos de Trump suelen señalar, su intervención en Venezuela no parece improvisada. Más bien estuvo precedida por la construcción sistemática de un casus belli, desde la denuncia sistemática de los crímenes del "Tren de Aragua" hasta el mayor despliegue militar de la historia en el Caribe, incluyendo la designación del "Tren de Aragua" y del "Cártel de los Soles" (una organización de narcotráfico dentro del estamento militar venezolano) como "organizaciones terroristas extranjeras" supuestamente dirigidas por Maduro.

La intervención no condujo a la eliminación completa del régimen chavista. Se optó por contar con la colaboración de la vicepresidenta Delcy Rodríguez e implementar un plan de tres fases: estabilización, reconstrucción y transición.

El cubano-estadounidense Marco Rubio, primer secretario de Estado hispano en la historia de Estados Unidos y dotado de las competencias más amplias desde Henry Kissinger, es considerado el arquitecto y la fuerza impulsora de este plan, que también aspira a forzar un cambio político en la Cuba de los Castro. La primera fase ya está en marcha: Estados Unidos asume el control directo de las exportaciones petroleras venezolanas y gestiona los ingresos a través de una cuenta fiduciaria en Catar, protegida de los numerosos litigios que el régimen chavista ha generado. Una nueva ley de hidrocarburos revierte medio siglo de creciente control estatal sobre el sector.

En estos dos meses, Laura Dogu fue designada como nueva encargada de negocios (Chargé d'Affaires) en Caracas. Sucesivamente viajaron a Caracas el director de la CIA John Ratcliffe, el secretario de Energía Chris Wright y el general Francis L. Donovan, comandante del Comando Sur de Estados Unidos, para sostener conversaciones con Delcy Rodríguez y otros altos representantes del chavismo. Observadores informan de considerables tensiones dentro de la cúpula autoritaria — que incluye, además de Delcy Rodríguez, a su hermano Jorge, quien como presidente de la Asamblea Nacional controla el poder legislativo —, atribuibles en buena medida a la creciente presión estadounidense para detener a prominentes funcionarios del régimen. De hecho, ya fueron arrestados el empresario Alex Saab y el magnate mediático Raúl Gorrín. En este contexto circulan especulaciones según las cuales Rodríguez habría facilitado la detención de Maduro o podría estar dispuesta a entregar también a Diosdado Cabello, valoraciones que, sin embargo, no se han podido corroborar hasta la fecha.

No obstante, persisten considerables dudas sobre el potencial democratizador de este plan. Así, una controvertida ley de amnistía, impulsada y aprobada unilateralmente por el chavismo, plantea más interrogantes de los que resuelve: parece orientada más a proteger a la propia cúpula de la responsabilidad penal que a ofrecer garantías jurídicas a los perseguidos del régimen y a los varios cientos de presos políticos recientemente liberados. Más de 500 presos políticos permanecen encarcelados y la represión continúa en partes del país. Asimismo, no está claro si el plan contempla la participación del liderazgo democráticamente legitimado, concretamente María Corina Machado y Edmundo González, quienes resultaron vencedores de la elección presidencial de 2024. Rubio ha prometido elecciones sin fijar, sin embargo, un calendario concreto. En su lugar, algunos actores políticos y económicos que han mostrado desde hace tiempo disposición al entendimiento con el chavismo intentan posicionar figuras de transición de escaso perfil. Mientras tanto, las grandes corporaciones internacionales actúan con cautela: empresas como ExxonMobil han expresado abiertamente sus dudas, algo comprensible en un país que ocupa el último lugar entre 142 Estados evaluados en el Índice de Estado de Derecho del World Justice Project.

Poca confianza genera que los hermanos Rodríguez, dos figuras clave del antiguo régimen, permanezcan al frente del Estado. Ambos se han distinguido siempre por su habilidad para el chantaje, la represión, la cooptación de sectores opositores dóciles y la capacidad de ganar tiempo mediante negociaciones interminables. Con frecuencia, los gobiernos democráticos que presionan al chavismo terminan su mandato antes de que sus iniciativas den fruto, mientras que el liderazgo autoritario del chavismo lleva ya 27 años en el poder. La presión militar estadounidense ha alterado sin duda esta dinámica, pero ¿durante cuánto tiempo se mantendrá y estará orientada hacia una verdadera democratización de Venezuela?

Variables críticas y posibles escenarios

La evolución de los acontecimientos a mediano plazo depende esencialmente de cuatro variables:

1. La determinación del gobierno de Trump. Lo decisivo es si Washington persigue una agenda genuinamente democratizadora en Venezuela y no meramente una estabilización del statu quo bajo nuevos auspicios. Esto presupone que Estados Unidos mantenga una amenaza creíble frente a la cúpula chavista durante el tiempo que el proceso requiera.

2. El factor tiempo. El cálculo de los hermanos Rodríguez probablemente apueste por dilatar los cambios sustanciales hasta después de las elecciones intermedias en Estados Unidos.

3. La cohesión interna del chavismo. Si la cúpula chavista se mantiene unida tras la presidencia interina de Rodríguez — y si esa cohesión resulta favorable o contraria a una agenda democratizadora — determinará en gran medida el éxito de la transición.

4. La unidad y movilización de la oposición. Todo el espectro opositor enfrenta el desafío de unirse bajo un liderazgo claro y una agenda común de cambio democrático que promueva una amplia participación ciudadana. Una fragmentación en la que determinadas fuerzas trabajen más por la estabilización y la permanencia de los hermanos Rodríguez en el poder que por un verdadero cambio de sistema reduciría considerablemente las perspectivas de democratización.

Escenarios

De la interacción de estas variables se derivan tres escenarios principales:

a) Cambio democrático. Estados Unidos impulsa a tiempo una democratización genuina, fuerza la cooperación del chavismo remanente, doblega a sus sectores más recalcitrantes y abre el proceso a la participación del liderazgo legítimamente elegido por los venezolanos.

b) Continuidad consentida. El gobierno interino de Delcy Rodríguez cumple el plan de Trump de manera tan satisfactoria que la voluntad democratizadora tiende a debilitarse, mientras el liderazgo opositor no encuentra oportunidad para impulsar una agenda de cambio estructural.

c) Continuidad forzada. Los hermanos Rodríguez ganan tiempo mientras el gobierno de Trump se desgasta; el plan de transición se complica y la represión persiste o se intensifica en Venezuela.

Para la democracia liberal, lo que está en juego en Venezuela trasciende el destino de un solo país. Que el proceso iniciado desemboque en una auténtica democratización o en una mera reconfiguración del poder autoritario dependerá de que la actual administración estadounidense asuma que la estabilidad sin libertad no es estabilidad. Tanto Europa como Iberoamérica deben insistir en ello. Un orden sostenible solo puede edificarse sobre los cimientos del Estado de derecho, las elecciones libres y el respeto a los derechos y libertades individuales. Los venezolanos manifestaron su voluntad de manera inequívoca el 28 de julio de 2024 y defendieron esa aspiración a un costo personal inmenso. Respetarla no es una cuestión de oportunidad política, sino de credibilidad democrática. Merecen que se cumpla.