Acuerdo UE - Mercosur
UE-Mercosur: Entre la Urgencia Geopolítica y la Aritmética Parlamentaria
Un ancla geopolítica en un mundo fracturado
El Acuerdo UE-Mercosur representa mucho más que la liberalización arancelaria. Crearía un mercado de más de 700 millones de personas, garantizaría cadenas de suministro diversificadas y extendería las normas basadas en reglas de la UE a una región cada vez más expuesta al capital chino y a los instrumentos comerciales unilaterales de Estados Unidos. En un momento en que la gobernanza del comercio mundial se está erosionando, este acuerdo enviaría una señal poderosa: las potencias medias aún pueden profundizar la integración bajo reglas, cláusulas de sostenibilidad y supervisión democrática. Para América Latina, la UE ofrece tecnología, inversión y credibilidad regulatoria. Para Europa, Mercosur ofrece materias primas esenciales, potencial de energía renovable, complementariedad agroalimentaria y alineación geopolítica. El fracaso no congelaría el statu quo. Aceleraría el realineamiento asimétrico de América Latina hacia otras potencias.
La sostenibilidad ya no es un obstáculo, es el punto de referencia
Las preocupaciones medioambientales fueron fundamentales en las dudas europeas entre 2019 y 2023. La deforestación, las normas laborales y los mecanismos de aplicación dominaron el debate. Pero el acuerdo político final integra:
- El Acuerdo de París como elemento esencial
- Compromisos medibles para detener la deforestación
- Disposiciones de desarrollo sostenible aplicables
La pregunta en Bruselas ha pasado de «¿hay compromisos de sostenibilidad?» a «¿son creíbles y aplicables en la práctica?». Ahora se trata de una cuestión de implementación y supervisión, no de reabrir las negociaciones.
Nicolás Albertoni, ex Vice Canciller de Uruguay durante el gobierno de Luis Lacalle Pou.
La variable pasada por alto: las relaciones entre Argentina y Estados Unidos y las indicaciones geográficas
Ha surgido una nueva dimensión poco debatida en los círculos políticos europeos: la posible interacción entre la UE y Mercosur y la profundización de las relaciones comerciales entre Argentina y Estados Unidos como resultado del Acuerdo de Comercio e Inversión Recíprocos (ARTI) entre Estados Unidos y Argentina, recientemente concluido y que ahora debe ratificarse. La preocupación no es puramente comercial, sino normativa. En particular, a las partes interesadas europeas les preocupa el tratamiento de las indicaciones geográficas (IG), una de las líneas rojas estratégicas de la UE y un logro importante en el acuerdo con Mercosur, con más de 350 productos de la UE protegidos.
Si Argentina avanzara hacia un entendimiento bilateral con Estados Unidos que debilitara o relativizara las protecciones de las IG (indicaciones geográficas), el apoyo político europeo podría erosionarse. Pero el escenario contrario es igualmente plausible: la perspectiva de una divergencia normativa en Argentina podría acelerar la determinación de la UE de consolidar primero su marco jurídico a través del acuerdo UE-Mercosur, fijando las normas europeas antes de que se arraiguen modelos competidores. En otras palabras, el factor Argentina-Estados Unidos puede generar vacilación o urgencia estratégica en Bruselas.
Gran parte del debate se ha centrado en el Partido Popular Europeo (PPE), lo cual es comprensible, ya que es el grupo más numeroso del Parlamento Europeo. Pero la aritmética por sí sola es engañosa. Para obtener un voto positivo se necesitará:
- El compromiso constructivo de los eurodiputados de Renew Europe de los países críticos con el acuerdo
- Al menos el apoyo parcial o la abstención de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas
- Un diálogo cuidadoso con los Verdes/Alianza Libre Europea, especialmente dado el peso de los partidos verdes en Alemania y Austria
Además, la dinámica del Parlamento Europeo ha cambiado. Hoy en día, los eurodiputados se alinean más que nunca con las posiciones de los gobiernos nacionales. Las sensibilidades agrícolas nacionales en Francia, Austria, Irlanda o partes de Europa del Este se traducen directamente en el comportamiento de voto parlamentario. Por lo tanto, una estrategia centrada exclusivamente en persuadir al PPE es insuficiente. La coalición debe ser más amplia y transnacional. El acuerdo no debe enmarcarse como una concesión a la agroindustria, sino como:
- Una asociación basada en el clima
- Una herramienta de diversificación de la cadena de suministro
- Una protección geopolítica contra la dependencia
- Un instrumento de competitividad frente a las políticas industriales de Estados Unidos y China
Si la UE no puede concluir su mayor acuerdo interregional tras 25 años de negociaciones, en un momento de fragmentación del comercio mundial, su credibilidad como actor estratégico disminuirá.
Aplicación provisional y secuenciación estratégica
La vía institucional es más clara de lo que sugiere el debate público. El pilar comercial puede avanzar mediante la mayoría cualificada en el Consejo (lo que ya se ha logrado en enero) y la aprobación del Parlamento Europeo (que actualmente se ha retrasado debido a la reciente solicitud del Parlamento Europeo de un dictamen del Tribunal de Justicia de la Unión Europea). El pilar político y de cooperación sigue una trayectoria diferente que requiere también la ratificación de acuerdo con los procedimientos nacionales de los Estados miembros europeos.
La aplicación provisional sigue siendo legalmente viable una vez completados los procedimientos, incluida la ratificación por parte del primer país del Mercosur. Desde la perspectiva del Mercosur, el avance de las ratificaciones nacionales refuerza la señal de compromiso. Desde la perspectiva europea, la secuenciación política es importante: la claridad, la comunicación y la creación de coaliciones deben preceder a las votaciones formales.
El riesgo real para Europa no es la controversia interna. Es la deriva geopolítica. Si la UE no puede concluir su mayor acuerdo interregional tras 25 años de negociaciones, en un momento de fragmentación del comercio mundial, su credibilidad como actor estratégico disminuirá. Los países del Mercosur no esperarán indefinidamente. Tampoco lo harán los inversionistas mundiales. Este acuerdo no se trata de nostalgia por la liberalización. Se trata de dar forma a las reglas del próximo ciclo económico.
Conclusión: una decisión política, no técnica
El Acuerdo UE-Mercosur ha llegado a una fase en la que se han resuelto en gran medida las objeciones técnicas. Lo que queda es la voluntad política. Europa se enfrenta ahora a una elección estratégica:
- o bien consolidar una alianza basada en normas con América Latina, anclada en la sostenibilidad y la cooperación regulatoria;
- o bien permitir que la fragmentación, la improvisación bilateral y las normas competitivas definan la relación económica transatlántica.
Para los responsables políticos de Bruselas, 2026 no es solo otro año más en el calendario. Bien podría ser el año en el que Europa demuestre si sigue teniendo capacidad para actuar en el ámbito geopolítico, o si se limita a debatir. La ventana está abierta. Pero no indefinidamente.