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Argentina post Mundial: ¿más unida de cara al año electoral?

La Albiceleste volvió a unir temporalmente a una sociedad profundamente polarizada, pero el futuro político de Javier Milei dependerá más de la economía, el empleo y la transparencia de su gobierno que de la euforia futbolística.
Javier Milei

Finalmente, en la final del Mundial disputada el domingo en Estados Unidos, la selección argentina no pudo imponerse ante la poderosa España, vigente campeona de Europa. La Albiceleste, liderada por su capitán y máxima figura, Lionel Messi, cayó por 1-0 en la prórroga. Sin embargo, la derrota no disminuyó el entusiasmo de los argentinos por el fútbol ni el vínculo con su selección. ¿Qué implicancias puede tener esta demostración de cohesión social para el escenario político y, en particular, para el presidente Javier Milei, a un año de las próximas elecciones? 

La selección nacional une a un país que está profundamente dividido

La selección nacional consigue en Argentina algo que, en cualquier otro ámbito, parecería casi imposible: unir al país, aunque sea de manera temporal. Simpatizantes del presidente Javier Milei y del peronismo, habitantes de la capital y de las provincias, personas de distintos niveles socioeconómicos y generaciones enteras vibraron juntas con el equipo y celebraron cada una de sus victorias.

Ni siquiera el estilo de juego por momentos poco elaborado y excesivamente agresivo de la selección, especialmente en la final frente a España, logró debilitar el entusiasmo de los argentinos. Milei llegó incluso a anunciar inicialmente un feriado nacional para recibir al plantel y celebrar el subcampeonato. Sin embargo, más tarde desistió de la iniciativa, ya que Messi y otros jugadores regresaron directamente a sus clubes en el extranjero.

Durante todo el torneo, las camisetas albicelestes dominaron las calles. La más buscada fue, naturalmente, la número 10 de Lionel Messi. Tanto él como sus compañeros estuvieron omnipresentes durante las semanas del Mundial: no solo como figuras carismáticas y referentes deportivos, sino también como protagonistas de campañas publicitarias, productos de recuerdo, carteles callejeros y anuncios televisivos de casi todo tipo.

En Argentina, el fútbol siempre tiene una dimensión política

En Argentina, el fútbol es mucho más que el deporte más popular del país. También funciona como un espacio de identidad, pertenencia y proyección política. A lo largo de los años, distintos dirigentes han utilizado su vínculo con los clubes para fortalecer su imagen pública y acercarse a sectores más amplios de la sociedad. Un caso emblemático es el del expresidente Mauricio Macri, quien antes de llegar a la política nacional presidió Boca Juniors. La conducción de un club históricamente asociado con los sectores populares le permitió ampliar su perfil más allá de su origen social y empresarial.

En la actualidad, el país atraviesa un intenso debate sobre la posibilidad de que los clubes puedan transformarse en sociedades de capital privado, con el objetivo de atraer inversiones y mejorar su competitividad. Milei defiende esta iniciativa a partir del rezago internacional de los equipos argentinos, en marcado contraste con los logros recientes de la selección nacional. La última vez que un club argentino ganó la Copa Libertadores fue en 2018, cuando River Plate obtuvo el título. Además, con la excepción de Leandro Paredes, jugador de Boca Juniors, todos los integrantes del plantel argentino que disputaron el Mundial desarrollan sus carreras en el exterior.

Quienes rechazan la apertura al capital privado advierten que podría reducirse la capacidad de decisión de los socios y debilitarse la función social que históricamente cumplen los clubes. Sin embargo, en esa resistencia también podría influir el temor de algunos sectores políticos a perder espacios de poder y estructuras tradicionalmente utilizadas para construir lealtades y captar apoyo electoral.

Incluso dentro de la cancha, el Mundial no estuvo exento de expresiones políticas. Tras la semifinal frente a Inglaterra, algunos jugadores argentinos desplegaron una bandera con la frase «Las Malvinas son argentinas». El gesto reavivó la histórica disputa con el Reino Unido por la soberanía del archipiélago del Atlántico Sur y podría derivar en una sanción de la FIFA, al ser considerado una manifestación política en el campo de juego.

Próximas elecciones en Argentina en octubre de 2027

Tras el avance de la selección argentina hasta la final del Mundial y la cohesión nacional demostrada —en todos los sentidos—, surge la pregunta de cuánto tiempo podrá la población mantener el entusiasmo mostrado durante el Mundial. El Mundial ha sido el tema dominante en el país durante las últimas semanas.

Cuando Argentina ganó el título mundial en Catar en diciembre de 2022, eso no sirvió de mucho a los peronistas en el poder, encabezados por el presidente Alberto Fernández. Por un lado, fracasó su intento de atribuirse el mérito del éxito de la selección e invitarla a una celebración en la sede presidencial, la Casa Rosada. El equipo liderado por Messi y el entrenador Lionel Scaloni ha dejado claro en repetidas ocasiones que no se dejará instrumentalizar por intereses partidistas. Los jugadores pertenecen, en primer lugar, a sí mismos; luego, a todos los argentinos; y, por último, al mundo (del fútbol), pero no a un partido en particular.

Por otro lado, las próximas elecciones (presidenciales) no se llevarán a cabo hasta octubre de 2027, es decir, en poco más de un año. Lo que en Alemania se considera a corto plazo, para Argentina es una eternidad; es decir, aún pueden pasar muchas cosas. Así, los peronistas en torno al entonces presidente Fernández (quien no se presentó a la reelección) no pudieron sacar provecho de la victoria en el Mundial de 2022 y perdieron claramente las elecciones de octubre de 2023 frente a Milei.

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La sociedad argentina se reunió en diferentes puntos del país para festejar su recorrido en el mundial

A Milei se lo juzgará por los resultados concretos de su gestión

Tras la euforia por el subcampeonato mundial, es probable que la atención de los argentinos vuelva rápidamente a los desafíos concretos del país y de la vida cotidiana.

En primer lugar, aparece la situación económica. La estabilización macroeconómica continúa mostrando señales alentadoras: la inflación mantiene una tendencia descendente y, en junio, se ubicó en el 1,9 % mensual, por debajo del 2 % por primera vez en diez meses. Esta evolución también favorece una recuperación gradual del poder adquisitivo.

Al mismo tiempo, la economía argentina registra superávits comerciales récord, impulsados principalmente por la agricultura, la energía y la minería. Sin embargo, otros sectores —en particular algunas ramas de la industria, la construcción y la producción de bienes de consumo— todavía enfrentan dificultades para adaptarse al proceso de transformación derivado de la apertura de los mercados nacionales e internacionales. Se trata de un cambio tan necesario como complejo.

Dado que estos sectores concentran una parte importante del empleo, su debilitamiento tiene consecuencias directas sobre el mercado laboral. Por este motivo, la estabilidad del empleo se ha convertido, según las encuestas, en una de las principales preocupaciones de los argentinos.

En este contexto, las posibilidades de reelección de Milei dependerán, en buena medida, de que la creación de puestos de trabajo en los sectores más competitivos logre compensar las pérdidas registradas en las actividades más vulnerables. A ese objetivo apunta la agenda de reformas del Gobierno, que busca reducir las cargas sobre las empresas mediante cambios estructurales, especialmente en el mercado laboral y el sistema tributario, así como a través de un amplio proceso de desregulación.

La corrupción constituye otro tema central para la opinión pública. Aunque no se trata de un problema exclusivo del ámbito nacional, el Gobierno de Milei ha debido enfrentar recientemente nuevas acusaciones que contradicen su promesa de combatir la mala gestión y aumentar la transparencia, en contraste con los partidos tradicionales, a los que el presidente suele denominar la «casta».

En ese marco, la renuncia de Manuel Adorni, jefe de Gabinete, portavoz del Gobierno y estrecho colaborador de Milei durante varios años, representó a fines de junio una señal relevante, aunque tardía. Las acusaciones no esclarecidas de enriquecimiento ilícito que pesaban sobre él habían comenzado a convertirse en un problema político para el Ejecutivo. Su salida buscó demostrar que el Gobierno está dispuesto a adoptar decisiones concretas también en materia de integridad y transparencia.

Las posibilidades de reelección son buenas

En los próximos meses, Milei tiene en sus propias manos aprovechar el nuevo clima positivo entre la población —gracias a un enfoque claro en los temas centrales por los que fue elegido en 2023— y defender su cargo de presidente para un segundo mandato.

Las encuestas más recientes muestran que actualmente se encuentra por delante —en algunos casos, con una ventaja clara de 10 puntos porcentuales— de su probable rival peronista, Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires. La mayoría de la población, sobre todo los más jóvenes, no anhela las recetas que fracasaron estrepitosamente de los peronistas que gobernaron hasta 2023.