Smart Cities
Bilbao: lecciones para ciudades más inteligentes
Durante décadas, Bilbao fue una ciudad marcada por la industria pesada, los astilleros y la actividad portuaria. La crisis industrial de los años ochenta, sumada al deterioro ambiental, el aumento del desempleo y a las inundaciones de 1983, obligó a replantear su modelo urbano y económico.
Su transformación ofrece lecciones relevantes para las ciudades de México y Centroamérica porque una ciudad inteligente no comienza con tecnología, sino con una visión compartida, instituciones capaces de sostenerla y políticas centradas en las personas.
Una visión de largo plazo
Nuestra visita a la ciudad de Bilbao nos permitió entender que su transformación no fue el resultado de proyectos aislados. Se construyó a partir de un plan estratégico respaldado por distintos niveles de gobierno y ejecutado mediante instituciones especializadas. Este consenso permitió transformar antiguos terrenos industriales y zonas contaminadas en espacios públicos, viviendas, equipamientos culturales y nuevas áreas económicas.
Para América Latina, donde muchas políticas urbanas cambian con cada administración, la principal enseñanza es clara: la continuidad es indispensable para transformar una ciudad.
Movilidad para mejorar la calidad de vida
Bilbao dejó de entender la movilidad únicamente como una forma de trasladar personas. La convirtió en una herramienta para recuperar espacio público y mejorar la vida cotidiana. Ha sido de las primeras ciudades en implementar la reducción del límite de velocidad a 30 kilómetros lo que ayuda a disminuir accidentes, ruido y emisiones, además de favorecer el comercio local y la peatonalización. Paralelamente, la ciudad fortaleció el transporte público, las ciclovías, y los estacionamientos subterráneos.
El objetivo no fue prohibir el automóvil, sino ofrecer alternativas suficientes para que usarlo dejara de ser una necesidad.
Una ciudad accesible para todas las personas
La accesibilidad se convirtió en un eje central ante el envejecimiento de la población y la geografía inclinada de Bilbao. Ascensores urbanos, rampas, escaleras mecánicas y funiculares conectan barrios ubicados en zonas altas con el resto de la ciudad.
También se incorporó la perspectiva de género como política de movilidad. Al reconocer que muchas personas cuidadoras, sobre todo mujeres, realizan desplazamientos más frecuentes y vinculados con tareas de cuidado, se implementaron medidas como paradas nocturnas bajo demanda y espacios de transporte más seguros.
Estas soluciones pueden ser especialmente útiles para ciudades latinoamericanas asentadas en geografías similares a las de Bilbao o con grandes desigualdades territoriales.
Regenerar antes que expandir
Bilbao recuperó su ría, eliminó antiguas vías ferroviarias y reutilizó espacios industriales para crear parques, bibliotecas, centros culturales y nuevas zonas urbanas. El Museo Guggenheim se convirtió en el símbolo de esta transformación, aunque se tiende a pensar que a partir de su establecimiento la estrategia en Bilbao cambió, lo cierto es que la ciudad ya estaba en constante cambio. El Guggenheim fue un proyecto aislado si no una apuesta por una política económica de cambio industrial a cultural y de servicios.
La lección es que la regeneración urbana no consiste únicamente en construir edificios emblemáticos, sino en recuperar espacios deteriorados y devolverlos a la ciudadanía acompañando de una estrategia de transformación económica. La transformación también incluyó una nueva política económica basada en servicios avanzados, tecnología, industrias creativas y apoyo a pequeñas y medianas empresas.
Universidades, centros tecnológicos, empresas y autoridades trabajan de manera coordinada para desarrollar sectores estratégicos y fortalecer cadenas de valor. Para México y Centroamérica, el aprendizaje central es que una ciudad verdaderamente inteligente es aquella que combina planificación, accesibilidad, sostenibilidad y cooperación institucional para mejorar la vida de quienes la habitan.