Venezuela
Terremoto en Venezuela: cuando el Estado falla y la sociedad responde
Caracas durch Erdbeben der Stärke 7,2 und 7,5 zerstört
© Álvaro AlgarraAutor invitado: Óscar Schlenker, periodista de Venezuela
Los venezolanos han aprendido a sobrevivir a casi todo. A las crisis, a la incertidumbre y a las dificultades que han marcado la historia reciente del país. Pero los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron Venezuela el 24 de junio, con apenas 39 segundos de diferencia, representan una tragedia de una dimensión distinta. Más allá de los daños materiales y las víctimas, el desastre golpea a una sociedad que ya cargaba con profundas vulnerabilidades bajo un Estado centralizado y debilitado por corrupción y cuestionado por graves violaciones de derechos humanos y crímenes de lesa humanidad. Son factores que hacen de esta emergencia una prueba que podría exceder los límites de la resiliencia que durante años ha caracterizado al pueblo venezolano.
Así como el doble sacudón de terremotos gemelos, El 24 de junio representa dos días festivos en Venezuela. Es un día feriado porque se conmemora la Batalla de Carabobo, uno de los combates emblemáticos contra España que selló la independencia del país en 1821. Pero también, a lo largo de la costa caribeña las comunidades afrodescendientes celebran el día religioso de San Juan, con fiestas en las calles y el sonido de tambores. Pero este 24 de junio, mientras unos descansaban de un día libre en casa y otros bailaban en las calles, el doble terremoto estremeció los cimientos de una sociedad en la espera de un cambio.
Este desastre natural ocurre a solo seis meses desde la captura y arresto del mandatario venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos. Sin embargo, el régimen que lideró sigue en el poder, tutelado por la administración de Donald Trump, quién ha manifestado que ayudará a “sus nuevos amigos venezolanos”. Aunque se han visto avances de libertad en los 6 meses post-Maduro, los venezolanos exigen nuevas elecciones para sellar el cambio y salir de lo que muchos califican como una dictadura. Mientras tanto, la presidenta encargada Delcy Rodríguez podría aprovechar la catástrofe que pone a la nación en estado de emergencia, para seguir en el poder con el mismo elenco que ha gobernado a Venezuela los últimos 27 años.
La clave del éxito de Delcy Rodriguez radica en su capacidad de responder a este desastre natural. En 1967 fue el sismo más reciente en afectar la capital de Venezuela, pero éste en 2026 es el terremoto más devastador que ha visto Caracas desde 1812. En ese entonces, el prócer de Venezuela, Simón Bolívar dijo una de sus frases más controversiales: “Si la naturaleza se opone, ¡lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca!”. Desafiar a la naturaleza parece un sin sentido frente a los problemas estructurales que tiene Venezuela para enfrentar un desastre natural de esta magnitud. Poca maquinaria, fallas en los servicios de agua, luz e internet desde antes del sismo, y un bloqueo estatal a redes sociales y portales de noticias, hacen las labores de rescate mucho más difícil.
No es de sorprender que los venezolanos al verse abandonados por Estado los primeros días después del doble sismo, se hayan tomado las acciones de rescate en sus propias manos. Ante la falta de organización del régimen fueron los vecinos quienes con lo poco que tenían comenzaron a escarbar para sacer de los escombros a sus familiares. Aunque los esfuerzos civiles se vieron limitados por equipos especializados para salvar más vidas en horas críticas, sigue siendo un claro ejemplo de cómo la sociedad civil organizada supera al de una máquina política totalitaria en una emergencia. A todo esto, se une un factor elemental en Venezuela: el éxodo masivo de más de 8 millones de migrantes que han huido del régimen y la crisis económica que embarga al país desde hace varios años. Ese tercio de la población hace mucha falta y se nota ahora más que nunca cuando la solidaridad de voluntarios, rescatistas, donantes y soportes son esenciales para asegurar la vida de las víctimas.
Son innumerables los testimonios desgarradores de víctimas y sobrevivientes. Historias de tragedia, de heroísmo y resiliencia que vemos en los videos de redes sociales con cada rescate, cada extracción y cada decepción al escuchar de una muerte. No obstante, una de las mayores dudas que surge tras todo esto es cómo se va a administrar la ayuda humanitaria internacional que está prometida para asistir a la población damnificada y como reconstruir una nación devastada que ya viene arrastrando una deuda que hace poco se reestructuró a una devastadora suma de 212.000 millones de euros, la mayor en la historia económica del planeta.
Para los venezolanos, esta tragedia marca otro desafío que pone a prueba la solidaridad, resiliencia y comunidad que caracteriza a la sociedad venezolana. Pero su magnitud y devastación hacen de esta tragedia un punto de inflexión determinante para los cambios políticos que exigen los venezolanos de a pie para estar mejor preparados ante nuevos desafíos que se deberán enfrentar, ya sean naturales, políticos, económicos o sociales
Buildings turn into rubble in Venezuela
© Álvaro Algarra
Buildings in ruins in Venezuela
© Álvaro Algarra
Graffiti that reads: SOS we need food
© Álvaro Algarra