Derechos Humanos
Los límites de la tolerancia

“Ser liberal es (…) primero, estar dispuesto a entenderse con el que piensa de otro modo”. Gregorio Marañón
Tolerance dictionary
© Ineskoleva via Canva

Libertad y tolerancia van juntas, ser liberal en definitiva es ser tolerante. Reconocer el valor de cada individuo nos permite desarrollar nuestra individualidad y aceptar las diferencias de ideas, creencias y valores son el primer paso para construir sociedades abiertas y democráticas. 

Sin embargo, ¿todo es aceptable? ¿La tolerancia va por encima de cualquier valor o principio, aun los nuestros? Si ser liberal significa reconocer el valor en la diferencia, ¿esto significa aceptarlo absolutamente todo, incluyendo a los discursos de odio e intolerancia? En el Día Internacional de la Tolerancia, creemos que no debemos olvidar la importante lección que nos dejó Karl Popper en materia de tolerancia: “si queremos una sociedad tolerante, habrá que ser intolerante con la intolerancia”.

La difícil paradoja de la tolerancia

En La sociedad abierta y sus enemigos, lectura obligada para todo liberal, Popper afirma que “la tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia… Tenemos por tanto que reclamar, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar la intolerancia”.  

En términos prácticos, Popper nos dice que tolerar absolutamente todo significaría también tolerar a quienes limitan las libertades de los demás: discursos homofóbicos, xenofóbicos o racistas deberían admitirse sin límites. Todos estaríamos de acuerdo que, en efecto, esto sería inadmisible. 

Sin embargo, esta paradoja implica establecer límites en la libertad de expresión, una propuesta en apariencia iliberal. ¿Quién decide el límite de esta tolerancia a la intolerancia? ¿Todas las ideas “intolerantes” deberían ser censuradas? 

Para Popper, el límite está en la violencia, mientras las ideas u opiniones intolerantes pudieran contrarrestarse a través de herramientas discursivas o educativas -lo que él llamaba argumentos racionales- éstas no debían ser censuradas. La coacción y la violencia son entonces el límite de la tolerancia, ya que en libertad, el diálogo, el debate y el respeto siempre están en primer plano. 

Karl Popper resumía su teoría en una sola frase: “Tenemos por tanto que reclamar, en el nombre de tolerancia, el derecho a no tolerar la intolerancia”.

Tolerancia liberal

El discurso del odio es una amenaza para los valores democráticos, la estabilidad social y la paz. Una comprensión errónea de la tolerancia tiene la capacidad de promover dinámicas iliberales y formas de diversidad potencialmente conflictivas o autoritarias. 

En suma, la modernidad y las redes sociales supone nuevos retos: la lucha contra la desinformación, la polarización y la ‘cultura de cancelación’ en plataformas digitales son conductas que no sólo limitan el pluralismo, el diálogo y la reflexión, sino que incitan a la reactividad y el fanatismo

Como liberales, es nuestra responsabilidad ser críticos de los discursos que escuchamos y reproducimos. Es parte de nuestra tarea como ciudadanos ser críticos hacia lo que escuchamos y reproducimos. Un ejercicio importante antes de compartir información es cuestionarnos si hay alguna intención de detonar emociones o manipular mediante falacias o sesgos cognitivos que nos llevan a discursos de odio. 

Si bien el liberalismo entiende que la diferencia y la diversidad de opiniones son los cimientos de cualquier sociedad abierta; promover la libertad también significa coincidir en ciertos valores centrales, narrativas inaceptables y en la promoción del diálogo y debate como la mejor herramienta para no tolerar la intolerancia, pues es ahí donde comienza el fin de las sociedades abiertas, inclusivas y democráticas.

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